Vender lana es mucho más que vender una noble fibra natural. Los laneros españoles han supuesto una élite social que aportó una notable riqueza al Continente Europeo.

Desde que el rey Alfonso X El Sabio crease el Honrado Concejo de la Mesta, en 1273, España ostenta, con la lana merina, el monopolio europeo de este bien. Las Cañadas Reales y las veredas, caminos por los que los rebaños se trasladan durante el año, se convierten en las autopistas de la época. Por ellos se distribuyen la información, la cultura y la riqueza. Los pastores se convierten así en ciudadanos valorados y privilegiados, pues en sus manos está el mayor bien de la Península Ibérica: la lana merina, que ha constituido el principal eje de la economía española hasta hace sesenta años.

Manufacturar y vender lana hoy día es transmitir una cultura secular que aún está viva. Los laneros somos los legítimos herederos de esa clase social privilegiada que distribuyó la cultura y la riqueza por el territorio nacional, un hecho único en la historia del mundo y que influyó de modo decisivo en el desarrollo de Europa. Trabajar con lana es trabajar con la propia fibra de la cultura europea.